Hay jornadas de trabajo que, sin planearlo, terminan recordándome por qué elegí vivir acá. La de ayer fue una de esas. Pasé a buscar a mis dos pasajeras a las 7:30 de la mañana para hacer una excursión clásica: navegación en Puerto Pirámides y, de vuelta, una parada en Playa El Doradillo para ver a la ballena franca desde la costa.
Salimos con el sol todavía bajo, por la Ruta Provincial N.º 2, ese camino que ya me sé de memoria pero que nunca deja de sorprenderme. Guanacos, algún choique suelto, y esa sensación de vacío patagónico que tanto engancha a quienes vienen de afuera.

En el ingreso a la Península pagamos la entrada y paramos en el Centro de Visitantes Istmo Carlos Ameghino, un clásico para entender un poco el contexto antes de meterse de lleno en la experiencia. De ahí, directo a Puerto Pirámides.
La navegación: ballenas por todos lados
Trabajamos con una de las empresas habilitadas para el avistaje embarcado. Llegamos con tiempo, hicimos el check-in, y a las 9:45 ya estábamos en la charla de seguridad de previa. A las 10 en punto zarpamos, con el chaleco puesto y las ganas a full.
Y la navegación estuvo espectacular, no lo digo de compromiso: vimos una cantidad enorme de ballenas, algunas saltando fuera del agua, otras pasando literalmente por debajo de la embarcación. Se sentía como estar metido en un documental, pero en vivo y con el agua salpicándote la cara.

Estuvimos hora y media navegando, con las gaviotas haciendo de las suyas: se posan sobre el lomo de las ballenas para picotearlas, una costumbre que ya les dejó marcas visibles en la piel a varios ejemplares de la zona.
Como dato de color, también vimos algunos pingüinos de Magallanes nadando cerca ,pocos, pero estaban, y desde la reserva de Punta Pirámide, a unos 6 km de Puerto Piramides, varios lobos marinos tomando sol tranquilos en la costa.

La embarcación salió completa, sin un lugar libre. Señal clara de que la temporada ya arrancó fuerte. Estuvo fresco, sobre todo por el viento, pero nada que le baje el precio a la mañana. Estamos en pleno inicio de la temporada de la ballena franca austral, y eso, para cualquier amante de la naturaleza, vale cada minuto de frío.
El Doradillo: el cierre perfecto
Después de desembarcar, nos sacamos los chalecos, tomamos algo caliente y comimos rápido antes de seguir viaje. Desde Pirámides encaramos hacia Playa Las Canteras, a unos 15 km de Puerto Madryn. Ahí las aguas son bien profundas cerca de la costa, así que se puede ver a las ballenas a pocos metros de la playa sin necesidad de embarcarse.

El acceso habitual es por la Ruta N.º 42, aunque como veníamos de vuelta desde Pirámides tuvimos que conectar por un tramo de ripio. Nos quedamos casi una hora ahí. Vimos ballenas, menos que en la navegación, pero la postal desde la costa con la marea subiendo y las siluetas asomando fue un cierre hermoso.
El combo de fauna del día
Ballena franca austral en cantidad, tanto desde el barco como desde la costa. Lobos marinos en Punta Pirámide. Pingüinos de Magallanes nadando cerca. Guanacos en el camino. No vimos muchas ovejas ni choiques esta vez, aunque también suelen aparecer por la zona. La protagonista absoluta fue la ballena, que se dejó ver todo el día sin problema.
Vale aclarar que todavía no estamos en la temporada fuerte de lobos marinos (esa arranca con los nacimientos en diciembre/enero), pero ya había un buen número instalados en la reserva. Algo que sorprende a quienes vienen en invierno pensando que solo hay ballenas para ver.
Charla de ruta
Como pasa siempre, terminamos hablando de todo con las pasajeras: qué otras especies se pueden ver, cuáles son las mejores épocas para cada una, qué esperar según el mes de la visita. Son esas charlas que hacen que la excursión no sea solo “subite al auto y mirá por la ventana”, sino algo más guiado y real.
En fotos y videos, el grupo quedó chocho. Hubo material de sobra ,ballenas saltando, nadando bajo la embarcacion, lobos, guanacos. Para quienes vienen a fotografiar fauna patagónica, julio se perfila como un mes muy recomendable.
Un consejo para quien esté planeando venir
Si están pensando en visitar Península Valdés, mi recomendación de siempre: organicen con anticipación, no vengan sobre la hora. Reservar con tiempo es la mejor forma de asegurarse un lugar en la navegación ,ayer mismo salimos casi al límite de capacidad y armar un itinerario que aproveche bien los días de estadía, porque en Patagonia el clima manda y siempre conviene tener margen.

Julio, contra lo que muchos piensan por el frío, es un mes excelente para venir: la temporada de ballenas está en pleno desarrollo, hay buena fauna, y el paisaje invernal patagónico tiene su propio encanto, con menos turistas y una experiencia más íntima.
Esta fue la crónica de ayer. Cada salida deja algo distinto para contar, y esta no fue la excepción. Nos vemos en la próxima, con nuevas historias desde Península Valdés.
